A la Villa Blanca

It has seemed appropriate to present first the Spanish version of this story; the versions in English and en français follow further below. Como siempre, las sugerencias y correcciones son bienvenidas.

 

Villa Blanca paysaje, by William Eaton, 2019 - snip3A la Villa Blanca (en espagñol)

Estaba en las montañas a las afueras de San José, Costa Rica. Hermoso lugar. Estaba caminando arriba y abajo por un camino de tierra, montañas a la distancia a ambos lados. Un gran SUV blanco, un coche de alquiler, se detuvo a lo largo de la carretera, un hombre americano al volante, una mujer asomándose por una de las ventanas traseras para tomar fotos. Nada inusual.

Más tarde estaba sentado en uno de los sillones del gran vestíbulo de mi hotel turístico, y la mujer se sentó a mi lado y entabló una conversación. Esto no era habitual. La mayoría de la gente de ese hotel venía con grupos de turistas, y no venían a encontrarse con extraños, sino a ver pájaros de día y ranas en el bosque por la noche, o a tomar fotos de la hermosa escena o de los osos hormigueros, sus hocicos cavando en el césped cerca de las casitas de los huéspedes. Ciertamente ellos (es decir los turistas) no estaban allí para charlar con un estadounidense que estaba revisando poemas en su computadora portátil.

Resultó que la mujer y su esposo vivían no lejos de mí, en los Estados Unidos. La mujer dijo que su esposo tenía un negocio que consistía en enseñar a los inmigrantes cómo aprobar los exámenes que necesitaban para conseguir trabajo. Su modesta estatura, piel morena y pelo negro sugieren que sus raíces se encuentran en el subcontinente indio. Dijo que trabajaba para un gran banco en la división de blanqueo de dinero. Al principio parecía que esto significaba ayudar a los clientes a lavar su dinero, pero frases posteriores sugirieron que el objetivo era asegurarse de que ciertos clientes del banco no lo estuvieran usando para este fin. En cualquier caso, el blanqueo de dinero era su medio de vida.

También me explicó que el viaje de ella y su esposo por Costa Rica se había complicado cuando, en el último minuto, decidieron traer a su hijo de 2 años con ellos. Este niño de 2 años me fue presentado. Su piel marrón y su cabello negro grueso le hacían parecerse un poco a su madre, aunque su color de piel también sugería que era de origen latinoamericano. Lo que es más sorprendente, era del tamaño de un niño americano de 5 años, y su cabello caía sobre sus hombros. Mucho más tarde tuve la idea de que sería imposible que le creciera tanto cabello en los primeros dos años.

Le dije a la mujer que su hijo era bastante grande para tener dos años. Con la cabeza le indicó a su marido que estaba de pie cerca, y se dio cuenta de que era un hombre grande. De verdad, alto y pálido.

En retrospectiva, ojalá hubiera preguntado al chico en espagñol, ¿cómo te llamas? Sin embargo, como su madre y yo estábamos hablando en inglés, pregunté en inglés.

Sólo me miró.

“Puedes decirle al hombre tu nombre”, exhortó su madre, y entonces, tratando de ayudarlo a recordar o aprender, le dijo: “Tu nombre es Tom.”

El único detalle que puedo añadir a esta historia es que en algún momento el padre y el hijo se alejaron, y cuando regresaron el niño estaba lloriqueando. Su madre lo llevó a su regazo, donde él siguió lloriqueando. Al parecer, había pellizcado su dedo meñique en un mueble. El padre parecía tener poca idea de, o sensibilidad cómo, un padre podría responder a un hijo, y la madre aún estaba aprendiendo. (Esto, sin embargo, no sería inusual para los padres estadounidenses de un primer hijo pequeño).

Las especulaciones de los lectores sobre todo esto pueden ser de mayor interés que las mías. Entre las cosas que me he preguntado desde entonces: ¿Puede un niño de 2 años volar gratis (y sin pasaporte), en el regazo de sus padres, mientras que un niño de 5 años no puede? Y así un padre podría tener un interés financiero en reclamar que un hijo mayor no tenía más de 2 años?

Y si, en cambio, el niño acababa de ser adoptado, aunque sea subrepticiamente, hace apenas unos días en Costa Rica, ¿se les había dicho a estos padres que tenía 2 años porque los niños de 2 años tienen un precio más alto que los de 5 años? Dado que un certificado de nacimiento -falsificado (o no)- habría sido suministrado, ¿se criaría este niño de 5 años ahora como un niño de 2 años?

Y -suponiendo que la madre no estaba simplemente diciéndome la verdad y no tenía una niña de dos años inusualmente grande y peluda- me pregunto por qué era una de las pocas personas en ese hotel que entabló una conversación conmigo. ¿Necesitaba que alguien creyera su mentira? ¿Necesitaba que alguien le confirmara que la mentira que le habían dicho era la verdad? ¿O sólo le gustaba charlar con extraños?

 

Villa Blanca paysaje, by William Eaton, 2019 - snip6A la Villa Blanca (English)

I was in the mountains outside San José, Costa Rica. Beautiful spot. I was walking up and down the hills on a dirt road, mountains in the distance on either side. A big white SUV, a rental car, stopped along the road, an American man at the wheel, a woman leaning out of one of the back windows to take pictures. Nothing unusual.

An hour or so later I was sitting in one of the armchairs in the large lobby of my tourist hotel, and the woman sat down next to me and struck up a conversation. This was unusual. Most of the people in that hotel came with tour groups, and they did not come to meet strangers, but to see birds by day and frogs in the woods at night, or to snap their pictures of the beautiful scene or of the anteaters, their snouts digging in the lawn near the guests’ casitas. They (the tourists, that is) certainly weren’t there to chat with an American who was revising poems on his laptop.

It turned out the woman and her husband lived not far from me, in the United States. The woman said her husband had a business which involved teaching immigrants how to pass exams they needed to pass in order to get work. Her modest height, dark skin and black hair suggested her roots were in the Indian subcontinent. She said she worked for a large bank in the money-laundering division. At first it seemed that this meant helping clients launder their money, but subsequent phrases suggested the goal was to make sure certain bank clients were not using it to launder their money. In any case, money laundering was her livelihood.

She explained to me, too, that she and her husband’s trip around Costa Rica had become complicated when, at the last minute, they had decided to bring their 2 year old with them. This 2 year old was presented to me. His brown skin and thick black hair made him look a bit like his mother, though his skin color also suggested Latin American origins. More strikingly, he was the size of an American 5 year old, and his hair fell over his shoulders. Much later I had the thought that it might be impossible to grow hair that long in one’s first two years.

I said to the woman that her son was rather large for a 2 year old. With her head she indicated her husband who standing nearby, and she noted that he was a large man. Indeed—tall and pale.

In retrospect, I wish I had in Spanish asked the boy what his name was, but instead—as the mother and I were speaking in English—I asked in English.

He just looked at me.

“You can tell the man your name,” his mother urged, and then—trying to help him remember or learn—she said: “Your name is ‘Tom.’”

The only other detail I have to add to this story is that at some point the father and son wandered away, and when they returned the boy was whimpering. His mother took him onto her lap, where he continued to whimper. Apparently he had pinched his little finger on a piece of furniture. The father seemed to have little idea about, or feeling for, how a parent might respond to a child, and the mother was still learning. (This, however, would not be unusual for American parents of a first, young child.)

Readers’ speculations regarding all this may be of greater interest than my own. Among the things I have wondered: Can a 2-year-old fly for free (and without a passport?), on his parents’ lap, while a 5-year-old cannot? And thus a parent might have a financial interest in claiming an older child was but 2?

And if, instead, the child had just been adopted, however surreptitiously, just a few days ago in Costa Rica, had these parents been told that he was 2 years old because 2-year-olds fetch a higher price than 5-year-olds? Since a birth certificate—falsified (or not)—would have been supplied, would this 5 year old now be raised as a 2 year old?

And—assuming the mother was not simply telling me the truth and did not simply have an unusually large and hairy 2 year old—I wonder why she was one of the few people at that hotel to enter into conversation with me? Did she need someone to believe her lie? Did she need someone to confirm that the lie she had been told was in fact the truth? Or did she just like chatting with strangers?

 

Villa Blanca paysaje, by William Eaton, 2019 - snip4A la Villa Blanca (en français)

J’étais dans les montagnes près de San José, Costa Rica. C’est un endroit magnifique. Je marchais le long des collines sur un chemin de terre, des montagnes au loin, de chaque côté. Un grand VUS blanc, une voiture de location, s’est arrêté le long de la route, un Américain au volant, une femme se penchant par une des fenêtres arrière pour prendre des photos. Rien d’inhabituel.

Une heure ou deux plus tard, j’étais assise dans l’un des fauteuils du grand hall de mon hôtel de tourisme, et la femme s’est assise à côté de moi et m’a engagé dans une conversation. Ceci était inhabituel. La plupart des gens de cet hôtel venaient en groupe, et ils ne venaient pas pour rencontrer des étrangers mais pour voir des oiseaux le jour et des grenouilles dans les bois la nuit, ou pour prendre leurs photos de la belle scène ou des fourmiliers, leur museau creusant dans la pelouse près des casitas des clients. Ils (je veux dire, les touristes) n’étaient surtout pas là pour faire la causette avec un américain qui révisait des poèmes sur son ordinateur portable.

Il s’est avéré que la femme et son mari vivaient non loin de chez moi, aux États-Unis. La femme a dit que son mari avait une petite entreprise qui consistait à enseigner aux immigrants comment réussir certains examens qu’ils devaient passer pour obtenir un emploi. Sa taille modeste, sa peau mate et ses cheveux noirs suggèrent que ses racines se trouvaient dans le sous-continent indien. Elle a dit qu’elle travaillait pour une grande banque dans la division qui s’occupait du blanchiment d’argent. A la première écoute, il semblait que cela signifiait aider les clients à blanchir leur argent, mais les phrases suivantes laissaient entendre que l’objectif était de s’assurer que certains clients ne l’utilisaient pas à cette fin. En tout cas, son gagne-pain était le blanchiment d’argent.

Elle m’a aussi expliqué que le voyage de son mari et elle au Costa Rica s’était compliqué lorsque, à la dernière minute, ils avaient décidé d’emmener avec eux leur enfant de 2 ans. Cet enfant de 2 ans m’a été présenté. La couleur de sa peau et ses cheveux noirs et épais le faisaient ressembler un peu à sa mère, bien que sa couleur de peau suggérât aussi des origines latino-américaines. Plus frappant encore, il avait la taille d’un enfant américain de 5 ans et ses cheveux tombaient sur ses épaules. Beaucoup plus tard, j’ai pensé qu’il pourrait être impossible de faire pousser des cheveux aussi longs pendant les deux premières années.

J’ai dit à la femme que son fils était plutôt grand pour un enfant de 2 ans. Avec sa tête elle a indiqué son mari qui se tenait à proximité, et elle a remarqué qu’il était un grand homme. En effet – grand et pâle.

Rétrospectivement, j’aurais aimé avoir demandé en espagnol au garçon comment il s’appelait, mais au lieu de cela – puisque la mère et moi parlions en anglais – j’ai posé la question en anglais.

Il m’a juste regardé.

« Tu peux dire à l’homme ton nom », l’a poussé sa mère, et puis – essayant de lui aider à rappeler ou à apprendre – elle a dit : « Tu t’appelles Tom. »

Le seul autre détail que j’ai à ajouter à cette histoire est qu’à un moment donné, le père et le fils se sont éloignés et qu’à leur retour, le garçon gémissait. Sa mère l’a pris sur ses genoux, où il a continué à gémir. Apparemment il avait pincé son petit doigt sur un meuble. Le père semblait avoir peu d’idées ou de sentiments sur la façon dont un parent pourrait répondre à un enfant, et la mère apprenait encore. (Cela, cependant, ne serait pas inhabituel pour les parents américains d’un premier et jeune enfant.)

Les spéculations des lecteurs à ce sujet pourraient être plus intéressantes que les miennes. Parmi les choses que je me suis demandées depuis : Un enfant de 2 ans peut-il voler gratuitement (et sans passeport ?), sur les genoux de ses parents, alors qu’un enfant de 5 ans ne peut pas ? Ainsi, un parent pourrait avoir un intérêt financier à prétendre qu’un enfant plus âgé n’avait que 2 ans ?

Et si, par contre, l’enfant venait d’être adopté, même subrepticement, il y a quelques jours à peine au Costa Rica, ces parents ont-ils appris qu’il avait 2 ans parce que les enfants de 2 ans obtiennent un prix plus élevé que les enfants de 5 ans ? Étant donné qu’un certificat de naissance – falsifié (ou non) – aurait été fourni, cet enfant de 5 ans serait-il maintenant élevé comme un enfant de 2 ans ?

Et, en supposant que la mère ne me disait pas simplement la vérité et qu’elle n’avait pas simplement un enfant de deux ans exceptionnellement gros et poilu, je me demande pourquoi elle a été une des rares personnes dans cet hôtel à entrer en conversation avec moi ? Avait-elle besoin de quelqu’un pour croire son mensonge ? Avait-elle besoin de quelqu’un pour confirmer que le mensonge qu’on lui avait dit était bien la vérité ? Ou bien, aimait-elle bavarder avec des étrangers ?

 

— Story and snipped & pixelated art work by William Eaton

 

∩ This story came to me during a time when I was greatly enjoying reading in the collection 50 Great Short Stories, edited by Milton Crane, and first published in 1952. And thus the straightforward presentation of the tale connects in my mind with the style of Somerset Maugham’s A String of Beads.

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